¿Cómo superar el resentimiento?
Heráclito de Efeso
escribió: Hay
que mostrar mayor rapidez en calmar un resentimiento que en apagar un
incendio, porque las consecuencias del primero son infinitamente más peligrosas
que los resultados del último; el incendio finaliza abrazando algunas casas a
lo más, mientras que el resentimiento puede causar guerras
crueles con la ruina y destrucción total de los pueblos.
El resentimiento aparece ante la ofensa. El
resentimiento es volver a sentir pero tratando de no sentir, pero hay ira y
enojo. Es como un veneno que altera la salud interior. “El resentimiento es ira
reprimida”. Cuando hay resentimiento, dice Gloria Eva “estamos siempre de mal
humor, nos quejamos de todo, nos volvemos sarcásticos e hirientes, todo
criticamos, todo nos parece mal”.
El
resentimiento nos lleva a culpar y responsabilizar a otro por las
aflicciones personales, por la ofensa o por la falta de alegría, y no se busca
la respuesta dentro de uno mismo. Cuando no se cumplen las expectativas,
quieres controlar todo y tienes planes y proyectos inflexibles e inamovibles.
Si hay un enfermo en casa o un dolor, se disimula,
se tapa esa molestia para que no duela. Se entierran los sentimientos que
afligen y eso da como fruto el rencor y el resentimiento, por falta de valentía
para afrontar los problemas. Se guarda
el sentimiento o la ofensa, no se perdona, se queda dentro y se vuelve a
experimentar una y otra vez aunque el tiempo transcurra. Así, poco a poco, esa
persona se vuelve antisocial, agresiva y desconfiada. Piensa que todos la
agraden.
Cuando se habla de lo que se lleva dentro, la
persona piensa con más profundidad con ayuda de quien la escucha. Al describir
el enojo o el resentimiento, éste pierde
fuerza, y disminuye su influencia en nosotros. Si una persona está muy dolida y
enojada, puede escribir lo que siente y romperlo una semana después. Es
importante liberar el sentimiento de manera adecuada. A muchas personas les ha
ayudado hacer verdadera oración. Contarle a Dios, con el corazón en la mano, lo
que afecta.
Francisco Ugarte, filósofo mexicano, tiene un libro
sobre el tema titulado “Del resentimiento
al perdón” (Ed Panorama), que es todo un tratado de cómo manejar la
susceptibilidad, tan propia de nuestro pueblo. Afirma que el resentimiento
aparece como reacción a un estímulo negativo que hiere el propio yo. Luego
agrega que “la voluntad débil es también origen de resentimientos”, pues “al no
alcanzar lo que desearía, la voluntad influye sobre el entendimiento para que
éste deforme la realidad y quite valor a aquello que no ha podido conseguir”.
Ante una corrección muchas veces nos podemos sentir
descalificados, devaluados o menospreciados. En suma, nos podemos sentir muy
poca cosa. Y estos sentimientos son los que debemos de trabajar, meditando por
qué nos va mal en las relaciones humanas. A veces no se aceptan las propias
circunstancias o limitaciones. Nos falta aceptarlas y aceptarnos con amor.
El resentimiento, dice Ugarte, “es quizás el peor
enemigo de la felicidad porque impide enfocar la vida positivamente y aleja a
la persona del bien que le corresponde como ser humano” (p. 21). Y continúa:
“La tendencia a girar en torno a sí, a convertir el propio yo en el centro de
los pensamientos y en el punto de referencia de todas las acciones se llama egocentrismo y es el principal aliado
del resentimiento”.
Lo determinante en el resentimiento no radica en la ofensa,
sino en la respuesta personal. Hay que pensar, ¿qué motivos tuvo mi agresor
para agredir? Generalmente, la gente no quiere lastimar a otros. Nos lastiman
porque tenemos la susceptibilidad a flor de piel.
Cuando una persona ya está resentida, se obsesiona
con una idea o pensamiento negativo. Debe uno tratar de cambiarlo y evitar
cavilar. “Un medio especialmente eficaz para evitar el resentimiento lo
constituye la gratitud, entendida como capacidad de reconocer los dones y
beneficios recibidos”, escribe Ugarte. Hay que descubrir todo lo positivo que
hay en nuestra vida y percibirlo como un regalo por el que debemos dar gracias.
La gratitud es lo opuesto al resentimiento. Quien no espera nada ni exige nada
para sí, se alegra por lo que recibe y ordinariamente le parece que es más de
lo que merece.
Aun ante la más grave ofensa, el perdón, la
reconciliación son fundamento de la unidad familiar porque se da con los más
próximos a ti, con los que mas amas: tus hijos, tu pareja, tus padres, tus
hermanos... el perdón es una gran manifestación del amor. Jutta Burgraff dice:
Perdonar
es amar intensamente.
No se trata de buscar un culpable sino de encontrar
una solución, y ésta comienza cuando reconocemos nuestra frustración, y
comenzamos a planearnos la posibilidad de perdonar.
Mientras vivamos ligados al supuesto agresor, viviremos atrapados por el
pasado. Perdonar es la manifestación más alta del amor y, en consecuencia, es
lo que más transforma el corazón humano. San Juan Crisóstomo llega a decir que
“nada nos asemeja tanto a Dios como estar dispuestos al perdón” (In Mat homiliae 19,7).
El ser humano que vive para el mundo, está “inflado” por lo que posee,
por la levadura, por eso el Señor dice: saca
de ti la levadura. La gente anda resentida porque está llena de levadura; es decir, llena de sí misma.
“Si no fueras tan importante nadie te podría ofender”. ¡Desínflate, por tu bien!
El cristiano debe estar alegre porque va camino a casa, camino a la
ciudad de luz. Este es el destierro, no el paraíso. La vida es
breve. Dios nos ama y quiere que estemos felices y optimistas en medio de las
dificultades.

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