La mujer pide ternura y estabilidad



La igualdad radical no proviene de ser varón o mujer, sino de ser persona: “sujeto de conocimiento y de amor”. Es un grave error referir la feminidad (y la virilidad) a lo corpóreo, a lo anatómico, a lo “animal”, de manera que, al hablar de la mujer se piense en la hembra. Con esa óptica deformada, se llega fácilmente a hacer del “macho” lo ejemplar, lo que hay que imitar. Por eso el feminismo ha sido la última trampa del machismo, y el ataque más violento a los valores de la feminidad.

Hay valores femeninos y una peculiar dignidad de la mujer. No se trata de que la mujer “se muestre” así. Se trata de que la mujer es así. Y es su ser propio lo que señala su “deber ser”. El ser humano es la única especie animal donde cada ejemplar es (katá dynamis) más que el género, es una individualidad hecha para el espíritu.

¿Qué queremos en el fondo? La felicidad. Ser capaz de ser feliz quiere decir que se es capaz de amar. Pero el amor no es posesión –ni antes apetencia-, sino entrega.
El papel de la mujer en el mundo es importante porque los hombres todos –tanto varones como mujeres- hemos sido confiados a la mujer, fundamentalmente en el orden psíquico y espiritual.

Para reconocer el valor de la feminidad no necesitamos que nos presten ideas ni Marx ni Simon de Beauvoir. Al contrario, esos préstamos han conducido a tratar de “fabricar” un mundo a imagen y semejanza de Marx o de Simon de Beauvoir (mundos infernales por cierto), y lo único que logra es un ambiente que tiene por lema “ámate a ti mismo y haz lo que quieras”. En el amor de sí se pierde la feminidad como valor, y se extravía con la seducción de “seréis como varones”, para quedar al final en la más completa desnudez de cualquier bien y valor. Simon de Beauvoir terminó siendo una mujer amargada, frustrada y desilusionada de sus ideales. Quiso ser amada por su esposo, y lo fue, pero se negó a ser madre y de allí se vino en picada. Finalmente él también se decepcionó de ella, la feminista por excelencia salió perdiendo y cayó en su propia trampa.
La ternura es un sentimiento que reconoce que la situación o la persona merece atención, amor, que merece un cariño puro y gratuito, por su dulzura, debilidad o delicadeza.
Para ayudar a la mujer se necesita crearle un ambiente estable, tierno y cálido, además de una capacitación para el trabajo. El divorcio hace que la mujer sufra pobreza. Por ello se ha de tratar de defender la estabilidad de un matrimonio, también porque de él nacen los futuros ciudadanos que, al nacer, son vulnerables. Hombre y mujer han de tener los mismos derechos. El divorcio va en detrimento de la mujer pues con frecuencia es causa de pérdida de autoestima. La mujer y los hijos, si los hay, quedan heridos con el divorcio. Debemos pedir que se limiten las leyes que permiten la separación de los esposos, y que no se hable sólo de “derechos de la mujer”, los derechos son universales.
Ha de haber una educación que lleve a la capacitación de la mujer, aunque sea mínima, para que salga adelante. La mujer mexicana tiene mucha iniciativa y con un poco de financiamiento sale adelante. No hay modo de ahorrar el esfuerzo normal de la vida cotidiana. Sufriendo es como el ser humano llega a descubrir su excepcionalidad. Podemos llegar a ser excepcionales a fuerza de querer ser simplemente personas.
Lo que es excelente en La República de Platón es que no hace al Estado superior al ser humano. Para que un país eleve su nivel de desarrollo ha de invertir dinero en dos renglones: educación y salud (salud general, no salud reproductiva).

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