Psicología del varón y de la mujer



Las mujeres somos más vanidosas que los varones, y conocemos el poder que tenemos sobre ellos, y, en parte lo aprendemos de nuestros padres. Las mujeres no somos conquistadoras y, si lo somos, estamos perdiendo feminidad, pues el cazador por naturaleza, es el hombre. Las mujeres somos coquetas; buscamos el sí del hombre, nos sabemos atractivas. Nos encanta exhibirnos, caemos en la tentación de la vanidad y no dimensionamos el impacto que tenemos sobre el hombre. Nos sentimos halagadas cuando el hombre nos ve, pero no medimos el impacto que tenemos sobre él, no sabemos qué ni está mirando ni qué está pensando. Ese es el problema.
A la mujer no le causa un impacto erótico el cuerpo del varón, porque desconocemos a fondo su psicología. Cuando un padre de familia o un hermano nos dice: "¿Así vas a salir a la calle?", lo dice porque sabe lo que va a significar para otro varón vernos medio desvestidas.
Un padre de familia debe explicarle al hijo lo que significa para el hombre la imagen de una mujer provocativamente vestida. Hay un marco de morbo que a veces la mujer no llega a comprender porque ella no es así. Al varón le impacta la piel, el cuerpo, el pantalón apretado, que de algún modo trasluce la piel. Buscando un símil podríamos decir: Un perro va tras la carne, si quieres que un perro vaya tras de ti, enseña la carne.
A través de la piel el hombre construye, si me visto desvistiéndome, la imagen que va a tener de mí es carnal. Si quiero que me ame lo debo conquistar por la razón, así me va a ver como su compañera, como su amiga. Debo enamorarle desde mi ser racional hacia mi ser afectivo. Y eso lo da la amistad. Ese hombre va a estar junto a mí toda la vida. Luego de la amistad, paso al amor erótico, al matrimonio, así cierro el Círculo de impregnación: Yo te conozco, te siento, me hago uno contigo. Y eso es lo que a un hombre lo cautiva para toda la vida.
Si me peleo con mi esposo, como es mi amigo, me es fácil dialogar y llegar a acuerdos. Lo sexual es un complemento de la pareja. En cambio, cuando solamente hay sensualidad, erotismo, genitalidad, sexo, en el momento en que se acaba la atracción física, se acaba la relación porque no sé cómo hablar, cómo dialogar. Ni sé lo que siento por él, ni si vale la pena luchar por él.
Los jóvenes han perdido la verdad; olvidan que una relación sexual puede derivar en concebir un hijo, olvidan fácilmente que se puede derivar una consecuencia natural. Luego se asombran de haber embarazado a una mujer, o la mujer se asombra de haber quedado embarazada. Si están jugando al papá y a la mamá, lo más es probable que tengan un hijo. Se ha perdido la lógica, el sentido común.
El varón sufre ante la mujer que enseña partes íntimas de su cuerpo -escotes pronunciados, minifaldas, transparencias, sugerencias explícitas-, y sufre ante la mujer lagartona; es una tortura para el varón, y debe luchar para no tener caídas. Uno se decía a sí mismo para no caer ante una mujer vestida provocativamente: “Piensa que es tu hermana”. Si nadie le ha enseñado a guardar la vista ante el cuerpo de la mujer, la va a pasar mal y seguramente va a caer en manos de esa mujer.
Amparo Medina

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